Ahora tengo una nueva obsesión. Me gusta pensar en qué estarán pensando otras personas cuando van por la calle, ajenas a su alrededor.
Hoy me he fijado sobre todo en un niño pequeño que perseguía a, posiblemente, su hermano. ¿Qué será de mayor ese niño? Se me ocurrió pensar. Lo primero que se me pasó por la cabeza: policía. Seguro que el pequeño todavía sueña con convertirse de mayor en futbolista, en policía, en bombero, todos los niños tienen los mismos sueños. Era feliz, corriendo por la calle, mientras que su madre los avisaba con voz angustiada de que tuviesen cuidado con la carretera. ¿Y la madre? ¿Es feliz? Con dos hijos seguro que sí, seguro que son su energía de cada mañana. Pero, ¿y lo demás? ¿Tiene un marido que la esperará en casa con la merienda para los niños? ¿Quizás un marido al otro lado del mundo, al que solo ve un par de veces al año? Nunca lo sabré, pero me gusta imaginarme cómo es la vida de cada persona.
He visto también a un anciano adorable paseando bajo la sombra de los árboles. Y me he preguntado, ¿cuántas cosas habrá vivido ya? Quizás tuvo que huir durante la posguerra a otro lugar, quizás allí encontró la fortuna, el amor, una vida mejor... o quizás no encontró nada y regresó como estaba. A lo mejor está triste porque tiene a sus seres queridos lejos. A lo mejor solo está esperando a reencontrarse con un amor bajo la sombra de los árboles. Es bonito ver que algunas personas pase lo que pase no pierden la esperanza ni la ilusión.
Me he encontrado a una pareja joven, quizás de mi edad o mayores, cogidos de la mano y gastándose bromas. Recordé cómo es sentirse así, cuando nada ni nadie te puede fastidiar el día, la mañana, las horas, los minutos, los segundos, y como todo a tu alrededor se vuelve un torbellino de emociones. Se me ha ocurrido pensar que quizás en unos años me los vuelva a encontrar, quizás ya casados, quizás cada uno por su lado, y me he dado cuenta de que cambiamos, de que cambiamos mucho, de que olvidamos los pequeños detalles, y de que no voy a reconocer a las personas que un día me hicieron sonreír por su propia felicidad. Me pregunté si algún día él le rompería el corazón, o ella se iría sin decir adiós. Me pregunté si dolerá tanto como me dolió a mí el silencio, si soy yo la rara o siempre son tan horribles las despedidas.
Me encontré a un hombre, vestido con un elegante traje y corbata verde, discutiendo por teléfono. Me dije que quizás tenía un mal día, o que quizás es siempre así, agobiado por los negocios, tal vez por las deudas, posiblemente porque la crisis amenaza su puesto de trabajo... o simplemente porque no le queda más que su trabajo para su propia distracción, para olvidarse de lo demás. O quizás es demasiado competitivo y al llegar a casa su familia le arrancará una sonrisa. Quizás un niño pequeño le esté esperando en casa para enseñarle que ya sabe decir 'papá', mientras su mujer sonríe. Qué bonito es imaginarse la felicidad de otras personas.
Cada uno es diferente. Puedo intentar imaginarme mil cosas que puede que acierte, o puede que no. Cada persona es un mundo, todos juntos formamos un universo social, un universo lejos de todo lo demás, y en nuestro poder está descubrir cada día un poquito más. O, por el contrario, aislar a los demás de descubrir nuestro propio mundo.
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